La insoportable levedad del ser

Diez de la mañana. Taza de café, periódicos, vista al mar y tiempo para la reflexión. Lo que en un momento iba a ser un análisis del cambio de propiedad de la feria de Maxitoro a Pacor de los Hermanos Lillo, el pliego, las condiciones de la plaza, la conjunción de una feria y sus atractivos. De pronto, todo quedó relegado a un segundo plano tras vislumbrar en el horizonte un chavalillo de no más de siete años jugando al toro. Ilusiones puestas en cada pose y muletazo. Y mi reflexión cambió. De aquel niño me sobrevino a la memoria la figura de Víctor Barrio, y por ende los ataques nauseabundos que ha sufrido su figura, mujer y familia. Ataques, por otro lado, perpetrados a través de las redes sociales, ese circuito donde cada cual dice lo que le viene en gana sin atenerse a las consecuencias. Es más en la mayoría de los casos se esconden tras perfiles falsos para menoscabar el honor de una persona.

Y es que como ya adelanté hace unos años en este mismo medio: “Asistimos a una ofensiva que no va a ceder y contra la que ya no cabe izar los valores sociales, culturales y económicos de la Fiesta. Nos estamos jugando mucho, ya no sólo en el ámbito taurino, precedentes aquí pueden pasar a otros sectores. Aquí ha comenzado una batalla que habrá que librarla exigiendo el cumplimiento de la legalidad vigente. Pero hasta el momento en la defensa de la Tauromaquia sólo acuden los aficionados, la infantería que no encuentra el apoyo de un sector al que sigue manteniendo con su millonaria asistencia a las plazas”. Pues me sigo afirmando en lo que dije.

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Los aficionados sentimos como se viene amenazando bajo un ‘juego sucio’ la Tauromaquia. Un antitaurinismo camuflado en una demagogia barata que deja a un lado todos los condicionantes morales que pudieran tener los que verdaderamente se sienten lejanos a la Fiesta.

Tras la trágica muerte del torero Víctor Barrio se han sucedido multitud de tuits en las redes sociales celebrando la muerte del diestro segoviano. Se han dicho y escrito auténticas barbaridades, algunas de las cuales están siendo investigadas por la fiscalía y la Guardia Civil por si fueran constitutivas de un delito de incitación al odio. En mi modesta opinión, claramente lo son. Utilizar las redes sociales o cualquier otra plataforma, digital o no, para lanzar mensajes ofensivos, muchas veces desde el anonimato, no deberían quedar impunes. Ante estos nauseabundos comentarios, solo cabe la repulsa más rotunda y contundente. Se puede ser antitaurino y estar en contra de la fiesta de los toros, sin desear la muerte de nadie. Me parece tremendo que haya quien anteponga la vida de un animal, por legítima que esta sea, a la de un ser humano. Aplaudir o mofarse de la muerte de una persona es de ser un indeseable. No entiendo cómo se puede albergar tanto odio y tanto rencor, por parte de quienes dicen defender a los animales. No entiendo la burla ante el dolor. No entiendo el silencio de los animalistas, y menos aún, su regocijo por la muerte de un hombre joven que eligió libremente en una sociedad libre ser torero. Ya lo dijo Juan Ramón Jiménez hace décadas: “Herido está de muerte el pueblo que con sangre se divierte”.

Diez y media. Levanto la mirada del portátil. Y el chaval erre que erre con la muleta acompañado ahora por otros dos chavales. Y se me viene a la cabeza una cuestión que siempre le hago a mi padre: “Papá ¿por qué me gustan los toros?” Tarde tras tarde la misma pregunta me retumbaba en mi cabeza una vez concluida la corrida. Predisposición no faltaba, aunque ecos del corazón te aparten de lo acontecido en el ruedo. El sentimiento taurino, ese que te conmueve, que te levanta de la piedra y te pone el bello de punta, desaparecido. Y aquí sigo al pie del cañón.

Pues bien este año, cambio de propiedad de la feria que pasa durante los próximos cuatros años a los Hermanos Lillo. Agradecimiento a Maxitoro por levantar una feria que iba en desuso, y suerte para los nuevos empresarios. Ahora bien, tras ver la confección de los carteles, que tengan en cuenta que las ferias que sobreviven en el mundo taurino es bien sabido que es por la exigencia no sólo a toreros si no en la elección del ganado.

Por otro lado, seguimos con el mismo problema, y más tras ver los carteles anunciados. Sin pliego que establezca unas condiciones mínimas, Ciudad Real seguirá teniendo una Feria de mínimos por mucho que vengan ‘figuras’. No quiero olvidarme de dos cuestiones: estamos faltos de promoción y una novillada daría lustre al serial ciudadrealeño, si bien, es verdad que lleva un coste alto como bien contemplan los empresarios; y por otra parte, debería ser imperioso la inclusión de un torero local en los carteles.

Algo debería decir al respecto el Ayuntamiento, concesionario de la Plaza. Mutis por el foro y a otra cosa.

José Ruiz / @demanobaja

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